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Con este objetivo se creó la Cofradía del Dulce
Nombre de Jesús.
Hoy
como entonces, cada año 12 hermanos de la cofradía
aceptan con orgullo la responsabilidad de acompañar
a los fallecidos hasta su última morada y, si es preciso,
garantizar su reposo definitivo en Tierra Sagrada.
Recuerdo
el día que, tras un fraternal abrazo, un Hermano Cofrade
me ofreció su Banda Morada. El había cumplido
su año de Servicio y comenzaba el mío. Durante
el siguiente año, yo, junto a otros Hermanos Cofrades,
serviría al Niño. Ese día comprendí
el verdadero significado de una "frase hecha" propia
de nuestra localidad: Este año me toca Servir al Niño.
Hasta
entonces, para mí, solo era un acto protocolario en
el que 12 abliteros acompañaban a los fallecidos hasta
el Cementerio. Con la Banda me entregó el Compromiso.
Y, en el momento que la aceptaba, comprendí entre sorprendido
y orgulloso, el porqué de la celebración festiva
y alegre, con la que los Hermanos Cofrades entrentes y salientes
abren y cierran su año de Servicio.
Dos
refencias de la Literatura Universal mostraron, en aquel preciso
instante, todo el sentido del Acto Litúrgico que estábamos
celebrando. "Así con
tal entender, / todos los sentidos humanos / conservados,
/ cercados de su mujer / y de sus hijos e hermanos / e criados,
/ dio el alma a quien se la dio / (el cual la tenga en
el cielo / en su gloria), / que aunque la vida perdió,
/ dejónos harto consuelo / su memoria",
últimos versos de las Coplas a la muerte de su padre,
de Jorge Manrique pugnaban por salir junto las palabras de
súplica de Hector, malherido a los pies de Aquiles
(Ilíada, Homero): "Te
suplico por tu alma, por tus rodillas, por tus padres que
no dejes que los perros me destrocen junto a las naves áqueas.
Acepta el oro y el bronce que te darán mi padre y mi
madre venerable. Envía mi cuerpo a mis moradas para
que los troyano y troyanas me rindan honores al colocarme
en la pira".
A
nadie se le debe negar un último acto de caridad (virtud
que ahora se tiende a sustituir por solidaridad) que garantice
que nuestros restos reciban el respeto y la consideración
que dimanan de nuestra condición de seres humanos,
hechos a imagen y semejanza de Dios.
Ese
día comenzé a darle vueltas a una idea. Era
importante, así lo creí entonces y lo creo ahora,
hacer pública manifestación de orgullo (espero
que no se considere soberbia) por la existencia del Dulce
Nombre, abreviatura por la que se conoce a la Cofradía.
Con ese espíritu ha surgido esta página Web,
a la par de permitirme ofrecer un homenaje a todos los hermanos
que "han servido el Niño" antes que yo y
a todos aquellos que lo harán despues.
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